12 de marzo de 2013

Mi hijo no miente

 
Mentira. Si tantas temporadas de Dr. House sirven para algo es para dejar claro que TODOS MIENTEN. Esto no excluye a los pequeños.
 
Calro está que hay diferentes tipos de mentiras. Están las mentiras para tener un premio y las mentiras para evitar un castigo. Eso debería de ser facilmente reconocible. Sin embargo, también los niños mienten por otras razones.
 
Niña, menos de dos años: "¿Estás tomando coca-cola?" "No. Es jugo". Claramente una mentira. Y de fondo hay algún adulto a quien le ha visto el comportamiento o que ha sido cómplice en alguna otra mentira.
 
"¿Quién se tiró un pun?" Inmediatamente las acusaciones vuelan de uno a otro. Alguien está mintiendo. Los expertos recomiendan, en casos de Toddlers, no oprmirlos demasiado al pescarlos en la mentira. No distinguen correctamente lo que es verídico de lo que no. Aunque enunciar las consecuencias de la acción que niegan, puede ayudar. Por ejmplo: "El que se tiró un pun, está siendo irrespetuoso con los demás, además de que apesta la habitación".
 
Si nosotros como adultos les mentimos acerca de Santa Clós, los Reyes Magos, Mickey Mouse y el hada de los dientes. Por no mencionar a la mamá que le dice al hijo que "el policía te va a regañar" ¿Por qué esperamos que admitan que el rayón en la pared lo hicieron ellos y no sus amigos imaginarios? En ciertas etapas de fantasía, las mentiras existen como parte natural del desarrollo del niño.
 
Los niños más grandecitos, pueden inclinarse a decir mentiras "prosociales". Entiéndase mentiras "blancas" que pueden evitar castigos o pueden atribuirse logros que no son suyos. También se da el caso del que miente para evitar la presión por algo (i.e. no hay tarea hoy) o que piensan que la mentira va a hacer sentir mejor a alguna persona cuyos sentimientos no quieren lastimar.
 
También es el caso del niño que dice lo que el papá quiere escuchar, aunque no lo haya solicitado. Los niños están siempre atentos a lo que decimos y hacemos. Los comentarios marginales o las actitudes de la familia hacia diversas situaciones son absorbidos por los niños y después pueden aflorar en forma de mentira, pensando que esa es la respuesta que los padres quieren oír. Es la mentira para agradar.
 
Todavía a los 9 años, aunque hay claridad entre lo falso y lo verídico, muchas veces no distinguen los matices. Eso lleva a tener aulas de 4° o 5° de primaria donde algunos todavía creen en los Reyes Magos y otros no. Esta también es la etapa del ocultamiento de la verdad. De las cosas que antes te podía contar con facilidad ahora no cuenta nada, y a veces miente sobre ello.
 
Acrecentar el rango de cosas que son de la intimidad del niño es un proceso normal en su desarrollo. Si el niño te sigue contando todo a los 12 o 13 años, no está madurando apropiadamente. Esto, aunque no es propiamente una mentira, puede ser considerado una ofensa para el padre que recibe, ahora que el niño crece- un trato distinto al que recibía hace unos meses, en donde parece que el niño oculta información.
 
Todo esto viene a cuento porque hay una epidemia de papás que creen que la naturaleza humana no aplica a sus hijos. Que aceptan el mito de la pureza del niño y no la realidad que le rodea. Muchas veces los niños no saben manejar sus emociones y, en el conflicto entre el bien mayor y el bien menor, mienten para no tener que lidiar con el problema. Los niños mienten.
 
Todos, salvo el tuyo. Claro.
 
Y la escuela se queda indefensa en muchas ocasiones. Porque, aunque no haya pruebas, "mi hijo no miente" y el peso de probar la inocencia -que va contra las reglas: se prueba la culpabilidad, no la inocencia- recae sobre una institución que quiere educar y no reprimir. Una institución que educa en libertad no puede convertirse en una procuración de justicia. Pierde el sentido. El contrato es de confianza. Si no la hay, no debe haber servicio.

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