26 de noviembre de 2013

No les dejaremos nada

Finalmente se trata de la Divina Providencia contra la idea de que más control es mejor. 

Es difícil aceptar que asegurar el nivel de vida de nuestros hijos, más allá de cierta edad, sin hacerles un enorme daño es toda una travesía en la cuerda floja. Hay un largo precipicio debajo.

La contra parte de esa visión es aceptar un poco de inseguridad en la vida. Es la inmersión en la realidad y el conocimiento cierto de que la vida es muy frágil, todo puede cambiar y no podemos garantizar nada. Es la lección actual que catástrofes ecológicas, desastres naturales, crisis económicas y pandemias ha dejado. 

La primera cara de esta moneda, el patrimonio garantizado, produce las circunstancias para la comodidad. Es el escenario para la cigarra que en la fábula no se asegura un futuro cuando pasen las estaciones. La segunda, en cambio, es donde aflora la actitud de la hormiguita ahorradora: el desconocimiento del futuro. No saber qué va a pasar mañana.

Por eso es triste ver a quienes se abocan a darles a sus hijos (niños y adultos) todo menos las herramientas necesarias para enfrentar la inseguridad de la vida. Es más seguro que crezcan pensando que no les dejaremos nada.




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