7 de mayo de 2015

Candidatos: virtud sobre valor

Aquí les dejo el texto completo que se publicó en El Norte hoy. Para todos los que no están suscritos.

Gracias por sus comentarios.

JS
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Candidatos: virtud sobre valor

Asombra que aun con lo tanto que se ha hablado de valores en los últimos años, todavía no se distingan de las virtudes.

Quizá se haya dicho mal y se haya entendido, temo, que es mejor candidato el que mejores valores tiene. Esto no es así. Es mejor el que más virtudes tiene.

Son necesarios los valores, sin duda. Pero son parte de una dicotomía también. Los valores por sí solos están a medias. Y se nos vende esa mediocridad como el entero.

El valor necesita de la virtud como las aspiraciones de acciones concretas. Si no, sólo son ideas bonitas.

Sin acción no pasa nada. La virtud aterriza el deseo en la realidad y exige un esfuerzo concreto. Los valores, en cambio, son comodinos. No exigen acción.

Es fácil para nuestros políticos apropiarse valores. Basta con decir que algo -cualquier cosa- se valora. Listo. Bien distinto es poner piel en el asunto.

No basta decir que valoramos la puntualidad, hay que ser puntual. No basta decir que queremos combatir la corrupción, hay que ser honesto. Ése es el verdadero reto en juego en la próxima elección. No se trata de quién tiene las mejores ideas, sino de quién es la mejor persona.

La publicidad dice bastante de los candidatos. Apela a la emoción. Es un bombardeo masivo bien dirigido. Los spots de campaña en radio y televisión conectan porque el resultado de la combinación de sonidos y colores, las imágenes y las palabras están calculadas para producir ese efecto.

Sin embargo, a mí me parece más como la reacción del cuerpo al oler, por ejemplo, papas fritas.

Al oler, recordamos el placer que producen y lo anticipamos. Lo queremos. No obstante, cuando se tiene el temple necesario, interviene el dominio de uno mismo para gobernar el cuerpo y abstenerse. Porque sabemos que traemos kilos de más e incluso, si persistimos en ese olor, lo encontramos nauseabundo.

Así conecta la publicidad electoral últimamente. Apelando solamente a los valores. Sin demostrar carácter.

Incluso la tónica de las biografías suena impostada. Poco verosímil. Nada vendería mejor a un candidato que conocer sus virtudes. Conocer su persona.

Por la tele, la radio e internet nos están vendiendo "productos milagro" que, seguro, van a decepcionar. Como la máquina de ejercicio que en ocho semanas transformaría tu vida, pero en personas. Suena bien, pero es irreal.

Levanta sospechas el poco costo que tendrá la seguridad, el bienestar, la firmeza, la paz y la tranquilidad, los empleos, los uniformes, la transparencia, la calidad de vida que nos prometen nuestros políticos. Todo parece gratis.

Yo le apuesto a entrever en la publicidad electoral las virtudes detrás del candidato.

Un candidato virtuoso sabría transmitir las soluciones de fondo, señalando los problemas reales y el costo que debemos asumir como sociedad para repararlos. Que no me digan que van a ser honestos mañana.

Si nos fijamos bien, las propuestas de los candidatos a Gobernador están diluidas. Las promesas electorales saben a poco. Nadie habla del rumbo del futuro.

El patrimonio ecológico está descartado o, a lo mucho, es hueco. De la educación: uniformes. No mejores maestros, o mejores recursos didácticos. Uniformes.

Sin hablar queda el tema de plantearnos si lo que les enseñamos a nuestros hijos es lo necesario para que sean personas felices y completas. O si el ritmo de consumo de los recursos naturales puede continuar.

No. Mínimo común denominador: uniformes para todos, transporte para todos. Sé que son problemas reales para la mayoría, pero no es la solución para Nuevo León.

Nos distraen con ideas bonitas que inflan el ego y no implican costo alguno. Como si a alguien le bastara para apaciguar su conciencia sólo contemplar la idea de ceder su asiento a una viejecita... sin tener que levantarse.



El autor es editorialista invitado, educador y estudió Periodismo en la Universidad de Navarra.

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