2 de noviembre de 2011

Ganar los corazones

De todo lo que hay en Twitter y Facebook hay pocas cosas realmente rescatables. Hoy me encontré una de ellas: "Hay que ganar los corazones no las discusiones". Lo remite @PerezLatre, un buen amigo y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.

Si no por otros méritos, estoy convencido que ese hombre se acercó un poco más a la santidad después de un viaje en coche con el profesor Latorre y conmigo en el que los martiricé con el disco "Próxima Estación: Esperanza", de Manu Chao todo el camino. Yo sigo pensando que ese disco es sencillamente genial y que lo que hice durante dos horas de coche con ellos fue ensancharles la mente. Pero luego los años me hicieron ver que quizá desde su punto de vista, no fue tan educativo... la última vez que lo vi, le pedí disculpas. Por aquello del karma, y así.

Ahora, lo de ganar corazones y no discusiones me viene como anillo al dedo en este momento. Puede que el origen de la frase venga de las jornadas y reflexiones convocadas por B. XVI para la comunicación de la fe. Pero en la circunstancia de mi negocio en estos momentos, ganar los corazones es la principal batalla. También recuerdo una frase similar en el ámbito militar. No sé si en Vietnam o en cuál guerra  pretendían ganar the hearts and minds.

Habemos quienes por naturaleza racional y entrenamiento profesional estamos acostumbrados a ganar las discusiones. Inclusive encontrarnos un rival digno es ocasión de placer. El combate nos llama. El problema es que en la empresa de servicios, el cliente no quiere ser destrozado por un blitzkrieg dialéctico. Quiere ser seducido, enamoured, swept off their feet.

Y hace mucho que no ejercitamos ese músculo. Miro con más respeto a quienes pueden aguantar una bofetada dialéctica o una afrenta filosófica, intelectual y responder con el equivalente atómico de una sonrisa. Desarmante. Sin ceder terreno pero sin destrozar al rival. Heroico.

Una especie de Don Juan de las ideas. Yendo de flor en flor fecundando, con la sonrisa y la amabilidad como mejores cartas de presentación, con el firme propósito de llegar a más. De verdad que quiero y pongo los medios. Pero la realidad desgarradora es que venimos de muy atrás, de hacernos camino peleando, resistiendo y acometiendo. Uñas y dientes. Capitán Alatriste y el maestro de esgrima. Todo eso.

También el combate es cosa de varones. De encontrar el macho alfa. Y mi público ahora es mucho más mujer, a la que hay que seducir, proteger y dar seguridades. El lado amable sin duda es que sabiendo combatir y destrozar, cuando salgamos del otro lado de este túnel, cuando se acabe esta trinchera, sabremos también ganar los corazones.

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