22 de octubre de 2011

¿Mienten los niños?

A veces. Si. Es la respuesta. Es duro, sobre todo cuando es tu hijo y te lo dice un tercero. Un educador por ejemplo. Pero es cierto. De hecho, mienten desde bebés. Hay llantos mentira, que continúan dependiendo de quién es el que responde al berrido.

En primero de primaria, más o menos, ya son expertos en manipulación. En segundo, hay ocultamiento manifiesto de la verdad. Suena un poco triste. Sobre todo si la idea de que los niños puedan mentir a los adultos rompe el paradigma de la infancia inocente, suena más violento que tu hijo -fruto de tus entrañas- te mienta a ti. Sucederá. Espéralo.

Sin embargo, no podemos quedarnos en la depresión de los sueños rotos. Todo lo contrario. Mentir, ocultar la verdad, medias mentiras, mentiras blancas... son parte de nuestra cultura. Si hoy interactúas con alguien, te mentirán.

La oportunidad de vivir la verdad es una cosa que no debemos desperdiciar. Hay que educar el amor a la verdad en los niños. Siempre será mejor que sean sinceros a que sean mentirosos. La virtud siempre va a triunfar. Pero para educar debemos partir del conocimiento certero de la persona.

El gran inconveniente es ver a los hijos con los ojos de la verdad. Si de por sí, verse a uno mismo con verdad es poco común y necesitamos con frecuencia ayuda de amigos o profesionales para asesorarnos, también será frecuente que necesitemos ayuda de otros para ver a nuestros hijos desde la óptica correcta.

Habrá que confiar. ¿No?

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