7 de julio de 2011

Muchas gracias


Algo de bello, de natural y de encantador tiene dar las gracias. Por eso, los griegos llamaron Gracias a esas tres diosas de lo bello una, de lo natural otra y de lo encantador la tercera. Supongo que podemos pensar que darlas, significa ser bello o natural o encantador y serlo siempre es bueno.

Pero es difícil. A veces no es algo bello lo que quieres dar. Es un espantoso adefesio de las profundidades del hígado. No todos tenemos charm, savoir-faire o facilidad para ser encantadores. Más de uno tiene dificultad en ocultar su tendencia de niño de la calle peleonero. Patada en salva sea la parte y a correr. Otras tantas veces, no es natural dar las gracias. Y no por eso son hipócritas o falsas. Son, gracias.

Los cristianos llamamos Gracia a un concepto central en la teología: es el don concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, a ser Santo. Entonces podemos construir el puente entre la idea de lo que Dios da para ayudar a cumplir lo que manda. Quizá de ahí el dicho: es de bien nacidos, ser agradecidos.

No encuentro en los mandamientos una solicitud de ser agradecidos unos con otros. Supongo que se lo podemos achacar al Mandamiento Nuevo. Pero existe ¿no? Sobre todo en este país. Damos las gracias a cada rato, por casi todo. Estamos, de cierta forma obligados a agradecer. Yo creo que Dios ayuda a que sea así. Que hay un especial empeño del Creador en que éste sea un pueblo humilde.

Últimamente me encuentro con que a quien le doy las gracias dice pronto: N´ombre, gracias a ti. Con efusividad. Con una contundencia rara pero a la vez sincera. Quiero pensar. Si el que agradece da y el agradecido recibe, en este país nos tomamos muy en serio lo de mejor dar que recibir.

Frente de mi, en la oficina tengo una Rendición de Breda. Supongo que Spínola le estará dando las gracias a Justino. Gracias, le diría por traernos de la tierras cálidas y amables a chupar frío y barro durante un año en este reducto de Dios. Gracias, por ser tan honorables en el sitio que hasta con sus banderas los tenemos que dejar salir. Gracias por hacerme mandar a la tropa, esa tropa infatigable a tragar tierra como ratones cavando cuevecillas de muerte. Gracias por los miles de muertos -tuyos y míos- que con gracia, claro, estiraron la pata. Lejos de casa, cansados, enfermos, sin más familia que el soldado de junto que no habla el mismo idioma y no tiene los mismos recuerdos. Gracias. Si hubiera sabido: gracias por la útlima y nos vamos antes de Rocroi.

Les aseguro que parece que se están dando las gracias. Lo que son los grandes hombres ¿no? Muertos y desolación y "muchas gracias, buen combate". Lo que habría que haber visto si hubiéramos estado.

Otras completamente diferentes son las del sediento al que le dió agua. Las del hambriento al que dieron de comer, las del que lo vistieron, lo limpiaron. Esas son otras gracias que reponen el balance universal entre el que da y el que toma.

Gracias dadas por Dios gratuitamente, sin esperar nada a cambio, que se entregan en los gestos, en los esfuerzos, en la manera de hacer uso del regalo, del don. Como del aprendiz al maestro. Fue gratis pero costó. Esfuerzo, empeño, sudor. Esas son otras gracias.

En fin...
JS

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