11 de abril de 2011

Mondays

Estoy leyendo Shop Class as Soulcraft de Matthew B. Crawford. Leí un artículo en el NYtimes (seguro que suena arrogante y pretensioso, pero es verdad y me empieza a importar poco), hace un año o dos donde hablaban del libro y del comeback que está haciendo el trabajo manual.

Hace unas semanas paseando con 38 trogloditas adolescentes en San Antonio, entré a una librería y lo vi. Apresuradamente lo tomé y lo coloqué bajo mi brazo con los otros 9 títulos que estaba decidido a llevarme, costara lo que costara. Esos libros son mi botín. Mi recompensa, mi derecho inalienable.

Pues resulta que el libro es mucho más intelectual/oide de lo que parece. El tipo puede citar a Aristóteles y a una serie de economistas que parecen importantes y gente que me suena pero que no termino de ubicar, con soltura y clase.

El tema me recuerda a mi padre. Todo lo que tiene que ver con la satisfacción de hacer cosas con las manos. Cosas tangibles que contribuyen al bienestar de la humanidad. Está hablando de la sensación de satisfacción que da el andar corriendo 9 horas diarias sirviendole comida a la gente a los 20ytantos. De la simpleza de un trabajo bien hecho porque sí. Por lo que habla de la persona que lo hace. La sencillez de, por ejemplo, barrer o limpiar: antes estaba sucio y ahora no. Esa justificación de la existencia que va más allá de la racionalización adolescente del que trabaja con intangibles y quiere darle sentido a su vida.

Me está gustando el libro. Lástima que lo leo justo cuando quiero meterme más en el ámbito de los intangibles. Mondays are like this.

Me voy. Vuelvo en unos días.

El contrincante no es el enemigo

El día después del debate, llevando a mis hijas a su clase de dibujo con la abuela, me dijo una de ellas que las amigas de...